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“Nunca me he sentido discriminada por ser mujer”

El Colegio de Médicos celebra el Día Internacional de la Mujer con un pequeño homenaje a Elena Díaz Diestro, la primera médico de Cantabria que aún vive que ha ejercido desde 1956 como especialista en análisis clínicos y como médico de familia en Reinosa

La primera médico de Cantabria que aún vive es la colegiada número 1018, tiene 87 años y asegura que “nunca se ha sentido discriminada por ser mujer”.

La perspectiva de Elena Díaz Diestro es la de una profesional de otras décadas, años lejanos de estudiante, del 1950 al 1956, en los que en su clase de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca, donde estudió, había 7 mujeres y 300 hombres “que nos piropeaban hasta que llegaban los catedráticos”, pero eso a Doña Elena, como la conocen en Reinosa donde desarrolló su carrera, no la ofendía ni lo consideraba machista porque tenía claro que quería estudiar medicina y la habían aconsejado lo que ella también aconseja a las mujeres de hoy: “cuando se trabaja hay que tener mucha paciencia y oír, ver y callar”, aunque, a la vez,  le parece muy bien que se celebre el Día Internacional de la Mujer, y aún mejor que en la actualidad haya más médicos mujeres que hombres.

El Colegio de Médicos de Cantabria rindió un pequeño homenaje a todas las mujeres trabajadoras a través de Doña Elena con una visita a su casa de Reinosa del presidente de la entidad colegial, Javier Hernández de Sande, y la entrega de un ramo de flores a esta médico “de raza” que sirvió para emocionarla, a ella y a su familia, porque agradecieron muchísimo que la larga historia profesional de esta doctora salga a la luz.

La carrera de Elena Díaz se desarrolló en tiempos en los que la desigualdad se palpaba en la sociedad española, pero había alguna “rara avis” como esta santanderina que estudió medicina, hizo una especialidad en el Hospital  Valdecilla de la década de los 50 del siglo pasado, donde pasó por todos los departamentos, y ocupó una plaza en Reinosa como especialista en análisis clínicos cuando aún no existía la Seguridad Social en España, ni hospital, ni ambulatorio en la capital campurriana.

Doña Elena se jubiló hace más de 25 años pero está en plenas facultades y cuenta detalles de su profesión en una época en la que “los análisis no entraban en el Seguro y yo tenía mi consulta en casa con una enfermera y con dos salas de espera: una para los particulares y otra para los demás, además en aquella época había muy pocos médicos así que también ejercí muchos años de médico de familia, tenía coche porque iba a visitar a los enfermos a sus casas a muchos pueblos, y los fines de semana, que aprovechaba para ver a los que estaban mal, llevaba a mis hijos”.

Elena Díaz explica que trabajaba mucho porque eran tiempos en los que “los médicos no teníamos horario y éramos parte de la familia de cada enfermo”, una cercanía y humanidad que “se ha ido perdiendo y debería recuperarse”. Y lejos de quejarse del sobreesfuerzo y de las horas extras, que “no se cobraban, aunque los médicos estábamos mucho peor pagados que ahora”, asegura que “era muy feliz y para mí era una liberación porque me encantaba mi trabajo, además a mi marido le dio una parálisis cerebral con cuarenta y cuatro años por lo que salir de casa y desarrollar mi carrera me distraía, y lo pude hacer gracias a mi hermana, que vino a vivir con nosotros y me ayudaba con la casa y con mis tres hijos”.

Doña Elena siempre llevaba su maletín de médico bien visible “para que no hubiera confusiones”, y cuando se inauguró el ambulatorio de Reinosa creó “junto al otorrino Pérez Sal y al farmacéutico Saráchaga, el primer servicio de urgencias de Reinosa donde hacíamos noches”, unas guardias que tampoco le pagaban, pero además se quedó como médico titular del Ayuntamiento de Enmedio, tareas que alternaba con las de analista en su laboratorio, que tenía instalado en casa desde que llegó a Reinosa en 1958, hasta que lo montaron en el ambulatorio, y que aún conserva con su antiguo microscopio, donde “hacíamos los reactivos en casa con las materias primas, porque no los vendían hechos, cortábamos los esputos con una tijera y hacíamos los test de embarazo con la prueba de la rana, que muchas veces se me escapaban de los botes donde las teníamos”.

A la pregunta de si ha tenido algún altercado o anécdota por ser mujer médico en aquellos años, Doña Elena responde que “muy pocos y sin importancia, algunas veces se me caían hombres mucho más grandes que yo al suelo cuando les hacía un análisis, pero nada más”, dice sonriendo.

Y estas son sólo algunas reseñas de más de 35 años de profesión de la doctora Díaz Diestro, o de Doña Elena, como prefiere que le llamen todos los que aún le preguntan muchas cuestiones de medicina cuando la encuentran por las calles reinosanas de las que no quiere alejarse, a pesar de que sus tres hijos, su yerno y sus tres nietos viven fuera, porque allí conserva relaciones con las familias de sus pacientes, su laboratorio, su orla repleta de hombres, sus dos salas de espera y muchos recuerdos de una larga trayectoria profesional de entrega a sus pacientes con mucho trabajo y esfuerzo que le ha hecho ser una  mujer y una médico muy feliz.