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La gran ola de salud mental que ahoga a la profesión médica

Más de la mitad de los profesionales médicos se declaran agotados emocionalmente, al menos un cuarto de todos ellos ha estado de baja durante la pandemia, un alto porcentaje se ha planteado dejar la Medicina y los índices de depresión se han multiplicado por cien en los profesionales sanitarios. Por Álvaro G. Torres

Estos son solo algunos de los datos de los distintos estudios que ponen de relieve la necesidad de actuar en el cuidado de los profesionales sanitarios dentro del ámbito de la salud mental, una ola que, si no se actúa con rigor y urgencia, ahogará al pilar fundamental del Sistema Nacional de Salud: sus profesionales. Jornadas maratonianas de trabajo, sobrecarga asistencial, la gestión de la incertidumbre, el impacto emocional de un número de pacientes sin precedentes que abarrotaba hospitales y centros de atención primaria a causa de la COVID-19 durante cinco olas, unido a situaciones de precariedad previas a la pandemia, han provocado un enorme impacto en el estado de salud de la profesión médica, sobre todo, en su salud mental, unas heridas que se veían venir.

El informe “Repercusiones de la COVID-19 sobre la salud y el ejercicio de la profesión de los médicos de España”, realizado por la Fundación para la Protección Social de la Organización Médica Colegial, la Fundación Galatea y Mutual Médica, presentado en primavera, ponía de manifiesto de manera clara que el estado de salud de los médicos españoles ha empeorado notablemente durante la pandemia, llegándose a alcanzar prevalencias muy elevadas de malestar y deterioro físico, mental y emocional que, pese a ligeras mejoras, nunca llegan a recuperarse.

El informe destacaba que seis de cada diez médicos/as presentan algún indicador de fatiga, dolor o estrés y la misma proporción sufre síndrome de burnout (estrés que se cronifica y cursa en forma de hartazgo y agotamiento). En consecuencia, se registra un incremento del consumo de tranquilizantes e hipnóticos: del 18,6% al 29,4%. Una fotografía que muestra claramente que las energías de los médicos están al límite, con un 51% que afirma sentirse “sobrepasado” y menos preparado física y emocionalmente ante nuevas olas.

Los hábitos de vida, claves para el bienestar físico y emocional de las personas, también se han visto alterados por la pandemia, registrándose un aumento de la proporción de profesionales que consumen bastante o mucho alcohol, del 4% al 7%, así como una disminución del 50% al 28% de la práctica habitual de actividad física.

Médicos al límite

El Dr. Pedro Pozo Navarro, psiquiatra terapeuta del Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME), coordinador de este programa en Murcia y profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de Murcia considera que “la salud mental de todos los profesionales, entre ellos los médicos, se ha visto seriamente afectada desde el inicio de la pandemia de COVID-19 en marzo de 2020, sobre todo, en los centros hospitalarios que tuvieron mayor carga de afectados y muchos fallecimientos”.

“La enorme carga asistencial, la falta de conocimiento específico del virus al principio, la falta de equipos de protección individual, el medio al contagio de los profesionales y a contagiar a familiares y pacientes, y las medidas severas de confinamiento generaron una situación de estrés en los médicos que repercutió mucho en su salud mental”, asegura el Dr. Pozo.

Como consecuencia del estrés vivido los profesionales médicos desarrollaron una gran cantidad de cuadros de ansiedad, depresión y de trastornos del sueño y no podemos olvidar que el estrés es conocido como un factor de riesgo muy grande para el desarrollo de trastornos mentales.

Este contexto de estrés puso en relieve la capacidad de respuesta del sistema: muchos servicios de psiquiatría y psicología de hospitales iniciaron medidas de divulgación para ayudar a la gestión del estrés a los profesionales sanitarios y médicos y herramientas para el manejo de situaciones difíciles. “Madrid fue muy proactiva, en los propios hospitales se crearon grupos de profesionales para ayudarse unos a otros ante el estrés pandémico, para que los médicos sean conscientes y detecten cuando lo sufran y pidan ayuda”, afirma.

“En España se puso en marcha el servicio telemático de apoyo psicológico (TAP) – promovido, entre otros, por el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos – que tuvo bastante éxito, ya que a él acudieron miles de profesionales que han recibido su ayuda y que para ellos fue muy importante”, explica el Dr. Pozo, quien destaca que la pandemia y las medidas de aislamiento han ocasionado un gran avance en los servicios de tele apoyo psicológico, telemedicina y telepsiquiatría.

Además, en la consulta que dirige como psiquiatra del Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME) han atendido a muchos compañeros por afectación de estrés pandémico y por aumento de estado de cuadros de ansiedad. “Muchos médicos han requerido de la ayuda del PAIME a lo largo de toda pandemia. De hecho, ahora las últimas consultas que hemos atendido en el programa en PAIME han sido por el empeoramiento de los cuadros de estrés pandémico y ansiedad que han desencadenado un aumento del consumo de alcohol”, indica.

“El PAIME es un programa que tiene todos los recursos suficientes para tratar a los médicos con enfermedad mental y/o conductas adictivas. En un primer momento se tratan en las consultas de terapeutas PAIME y en los casos que son más graves y no se pueden controlar a través del tratamiento ambulatorio son los que se derivan a las clínicas de hospitalización en los centros concertados”, explica.

Medicina, una profesión que tiene dificultad para pedir ayuda

Según el estudio mencionado con anterioridad, en el que participó el CGCOM, otra de las principales conclusiones que se desprende es que, a pesar de llevar muchos meses inmersos en la pandemia, han sido pocos los médicos que acuden a servicios de apoyo a la salud mental para hacer frente al malestar emocional y al agotamiento mental acumulado. De hecho, el 13% de los profesionales encuestados reconocen que necesitan ayuda, aunque no están recurriendo a este tipo de servicios, pero afirman que tienen previsto hacerlo en algún momento. Si a este porcentaje se añade el de profesionales que sí que han acudido o están acudiendo a este tipo de recursos, el resultado es que una cuarta parte de los médicos y médicas españoles (24,9%) son usuarios reales o potenciales de servicios de apoyo a la salud mental. Las mujeres y los jóvenes son los que en mayor medida han recurrido a estos servicios.

Otra conclusión muy significativa del estudio es que, en general, los médicos echan de menos y creen que deberían recibir formación para mejorar las competencias emocionales (88%), para un ejercicio saludable (50%) y para la gestión de conflictos (48%).

A este respecto la Dra. María Fé Bravo, jefa de Salud Mental de La Paz (Madrid) asegura que el agotamiento de los médicos de Atención Primaria es mayor que en ningún otro colectivo pero que es mucho más difícil llegar a ellos. “En un hospital se abre un punto dentro y los profesionales saben dónde acudir. En los centros de salud es más difícil. Por eso – incide – iniciativas como el PAIME y el TAP son fundamentales para llegar a ellos”.

En su opinión esta pandemia dejará cicatrices, pero también resiliencia, que es la capacidad de responder ante crisis y eso aumenta la capacidad de responder en situaciones posteriores. Otra de las lecturas “positivas” que hace la doctora Bravo es que todo esto habrá servido de algo para que ahora se investigue mucho sobre la repercusión en la salud mental a raíz de la pandemia y en el ámbito social.

El Dr. Jesús Artal, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Marqués de Valdecilla en Cantabria, coordina desde el inicio de la pandemia un programa de apoyo emocional para los profesionales sanitarios, pacientes y familiares de la Comunidad Autónoma. En base a su experiencia resalta que los profesionales sanitarios, especialmente los médicos varones, “somos mucho más proclives a dar que a recibir ayuda. Manifestar el malestar, comunicárselo a los demás, pedir y recibir ayuda, lejos de ser una muestra de debilidad constituye la vía más eficaz para manejar el malestar emocional una vez que éste aparece y va condicionando nuestra salud y nuestro funcionamiento”.

La Dra. María Fé Bravo coincide en este aspecto. “En general, el personal de enfermería tiene menos dificultad para acercarse al profesional y pedir ayuda que los médicos. A los médicos pedir ayuda nos cuesta más y más aún pedir ayuda a nuestros propios compañeros; por ello el hecho de que existan vías al margen de tu propia institución, pero dentro del mundo colegial como el TAP y el PAIME son muy importantes y necesarias”- afirma.

En este sentido el Dr. Artal explica que para ser capaces de comunicar la sobrecarga emocional y psicológica se requiere de un cambio cultural sólo posible con información por parte de la organización, y con formación durante la carrera y durante el periodo de especialización (Sistema MIR).

“En nuestro hospital (Valdecilla), los tutores de los residentes de Psiquiatría y Psicología Clínica mantienen abierto el acceso a grupos de apoyo emocional (basados en los grupos Balint) para residentes de todas las especialidades y por parte de la Gerencia, manteniendo en la página web información sobre el acceso al programa. Además, nuestro equipo ha desarrollado sesiones presenciales y online para profesionales de enfermería sobre el manejo del estrés y la gestión del malestar emocional que han recibido una buena valoración. Sería conveniente ampliar estas actividades a médicos tanto de atención primaria como especializada.

Enfoque preventivo y formación para cambiar el paradigma 

El Dr. Artal afirma que para abordar esta problemática es importante que las organizaciones apoyen a sus miembros para ir construyendo la resiliencia en los equipos, cambiando la forma y el momento de enfrentarse a las situaciones que producen tensión emocional en el trabajo.

“Se trata de dar un enfoque más preventivo que curativo, con intervenciones rápidas que la mayoría de las veces resultan sencillas si existe esa voluntad de actuar. El apoyo psicosocial, ya sea entre colegas o mediante el acceso a intervenciones psicológicas, constituye sólo una de las actuaciones primordiales desde la organización, junto con la seguridad, la formación y una mejor organización del trabajo, que tenga en cuenta los turnos escalonados, el rediseño de los procedimientos y favorezca el descanso mental”.

También se debe fomentar un liderazgo de los equipos adecuado a los malos tiempos, a las épocas de crisis. Los líderes del hospital y de las organizaciones sanitarias, en cualquiera de sus niveles, aunque también sufren el impacto emocional de la crisis sanitaria, a veces con extraordinaria intensidad, deben de fomentar la comunicación honesta, la corresponsabilidad, la humanidad y la humildad. “El apoyo entre colegas es absolutamente crucial – asegura – sin olvidar que un jefe, un supervisor o un coordinador es también un colega de sus compañeros”. Para el experto, en este apoyo mutuo se detectan antes y mejor los problemas, se ofrece la oportunidad de hablar, se orienta hacia los recursos de apoyo y a un correcto autocuidado. Cuando este apoyo no es suficiente, se debe orientar al compañero a recibir la ayuda profesional más adecuada.

El estigma de la Salud Mental, más fuerte en sanitarios

Una reciente investigación publicada en la revista de Psiquiatría y Salud Mental en la que han participado entre otros, la doctora Maria Fé Bravo, explora la asociación entre la discriminación percibida y los resultados de salud mental en trabajadores sanitarios en España durante la primera ola de la pandemia. Los datos que arroja este estudio son contundentes: un 30% de los encuestados refirieron haberse sentido discriminados y/o estigmatizados, una discriminación percibida que se asocia con mayores puntuaciones en depresión y malestar psicológico, y con el doble de riesgo de ideación suicida.

El estudio, por tanto, concluye que la discriminación percibida es un estresor modificable que puede disparar problemas de salud mental en profesionales sanitarios y aboga por que medios de comunicación, legisladores e instituciones sanitarias pongan en marcha estrategias preventivas y restaurativas para reducir esa discriminación contra los sanitarios y reducir el impacto sobre la salud mental.

El PAIME, más de 20 años cuidando al que cuida, esencial para la salud de los profesionales ahora más que nunca

Problemas de ansiedad, estrés, alteraciones emocionales o trastornos del sueño son algunas de las patologías que ha sufrido el colectivo médico durante la pandemia debido a la gran presión asistencial y al trabajo en condiciones límites que se han vivido y se siguen viviendo. La Fundación para la Protección Social de la Organización Médica Colegial y los Colegios de Médicos, conscientes de los efectos de esta situación sobre la salud de los profesionales, han reforzado sus dispositivos de prevención, promoción y protección a la salud del médico, entre los que se encuentra el Programa de Atención Integral al Médico Enfermo, para atender a los profesionales con trastornos psíquicos derivados de esta crisis sanitaria.

La #FamiliaMédica cuenta con este recurso disponible en el Catálogo de Prestaciones de la FPSOMC, dentro del bloque de Prevención, Promoción y Protección de la Salud del Médico, un recurso al que pueden acceder los médicos/as colegiados/as socios protectores de la Fundación que, estando en activo o habiendo ejercido la Medicina en los últimos tres años, padezcan una enfermedad mental y/o conductas adictivas.

“Cuidar de los que cuidan y a los profesionales que han estado y están en primera línea en esta pandemia sigue siendo prioritario para las organizaciones colegiales; de ahí la importancia del PAIME. Se trata de un instrumento de control de la buena praxis médica y, por tanto, de un elemento de garantía para la población; porque cuidar al médico enfermo supone defender la salud de los ciudadanos por encima de todo”, asegura el Dr. Tomás Cobo, presidente de la Fundación.

 

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