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El retraso en los cribados de cáncer de mama por el Covid-19 puede aumentar el número de tumores mamarios

01/10/20  Un estudio llevado a cabo por expertos del Centro Médico de la Universidad de Rótterdam (Países Bajos), y que va a ser presentado en el 12 Congreso Europeo de Cáncer de Mama, ha avisado de que la pandemia del Covid-19 ha provocado un retraso en los programas de cribado del cáncer de mama que puede incrementar el número de casos de esta enfermedad

No obstante, el trabajo también ha señalado que el riesgo podría reducirse, si todas las mujeres que por su edad deberían haber sido revisadas durante la pandemia lo hagan ahora, aunque ya hayan superado la edad límite para los cribados. «Los cribados consisten en detectar el cáncer en un estadio inicial, cuando hay más posibilidades de tratarlo con éxito. Los programas de cribado del cáncer jamás habían sufrido una interrupción como esta, así que no sabemos el impacto que este hecho tendrá. Hemos querido investigar cuál será el impacto a largo plazo sobre la mortalidad por cáncer de mama y también observar qué estrategias resultarían ser más eficaces para reanudar los programas de cribado», han explicado los expertos.

Los investigadores se han servido de una herramienta de modelado denominada ‘MISCAN-Breast’ para simular cuatro diferentes planteamientos para reanudar los programas de cribado tras seis meses de interrupción: una reanudación súbita en la que todos los cribados continúen en el mismo orden que estaban previstos, es decir, para que al menos una década cuatro mujeres vayan a revisión al menos una vez un su vida (simulación de retardo); y un retraso en los cribados, excepto para las mujeres que deberían recibirlo por primera vez (simulación de retardo excepto con el primer cribado).

También han barajado la posibilidad de un retraso en los cribados, pero aumentando temporalmente el límite máximo de edad para recibirlo y asegurar así que las mujeres no pierden el último cribado de sus vidas (simulación de retardo con aumento del límite de edad); y de un aumento de la capacidad para poner por completo al día todos los cribados que se habían vistos pospuestos durante los seis meses de interrupción (simulación de puesta al día total).

Los resultados se basan en el programa de cribado de cáncer de mama de los Países Bajos, en el que las mujeres de 50 a 75 años reciben una cita para revisión cada dos años. Existen programas de cribado similares en otros muchos países europeos, aunque varían la frecuencia y los márgenes de edad.

Basándose en las cuatro simulaciones, el modelo informático mostró qué capacidad sería necesaria (en número de pruebas de cribado y de seguimiento) y los efectos que tendría cada estrategia en la incidencia y la mortalidad por cáncer de mama. «Nuestro estudio muestra que un retraso de seis meses conlleva un aumento modesto, pero siempre importante, en el número de muertes por cáncer de mama, aunque cada estrategia para reanudar los programas de cribado presentan resultados distintos. La mejor manera de evitar muertes por cáncer de mama es ponerse al día con todas las pruebas de revisión que no se han podido hacer durante la pandemia», han argumentado los expertos.

Sin embargo, apostillan, la mayoría de los programas de cribado no cuentan con el personal extra y con los equipos necesarios para eso. «Hemos visto que la segunda mejor opción, y que vemos además factible, es reanudar los cribados con normalidad tras el retraso, pero asegurándose de que ninguna mujer se pierde el último de ellos, aunque durante los meses de parón ya haya cumplido el límite de edad establecido», han añadido.

Cómo ha afectado el covid-19 al día a día de las pacientes

Por otra parte, en el congreso se va a mostrar un segundo estudio en el que se incluyen a 1.051 mujeres diagnosticadas de cáncer de mama de Utrech (Países Bajos) puso las miras en la manera en que la Covid-19 ha afectado a su día a día. El 48 por ciento de esas pacientes se ha sentido sola durante la pandemia.

El mismo estudio ha detectado que el 31 por ciento de ellas se mostraban menos abiertas a buscar ayuda de sus médicos de cabecera, y el 27 por ciento estaban preocupadas en los efectos de la pandemia en su tratamiento. Un 15 por ciento se mostraban más reacias a buscar la ayuda de su oncólogo.

«Sabemos que los servicios médicos, incluidos aquellos dirigidos a las pacientes de cáncer de mama, tuvieron que readaptarse durante la crisis sanitaria. También sabemos que el apoyo social puede resultar de vital importancia para muchas mujeres que han sido diagnosticadas con cáncer de mama y que ese apoyo puede verse restringido por las medidas de distancia física», han apuntado los expertos. El trabajo, enfatizan, muestra que las mujeres estaban menos dispuestas a buscar ayuda médica durante la pandemia y que una proporción alta de mujeres sufrieron la soledad durante el confinamiento. «Y esto apunta a que las pacientes necesitan que se les refuerce la idea de que deben buscar la ayuda médica cuando la necesiten y también que hay que brindarles apoyo de salud mental, aunque se les proporcione de manera virtual y no cara a cara», han apostillado los expertos.

Un tercer estudio comparó un grupo de 41 mujeres tratadas de cáncer de mama en marzo y abril de este año en el Hospital Universitario de Sassari (Italia), con otras 42 mujeres que habían sido tratadas en los mismos meses de 2019. Los investigadores no han encontrado ninguna diferencia en el número de mujeres que recibieron cirugía para su cáncer de mama, ni en el tiempo que pasaron en la lista de espera.

Tampoco detectaron diferencias en la práctica de biopsias del ganglio centinela, que sirve para comprobar si el cáncer ha comenzado a extenderse por los ganglios linfáticos de la axila. Sin embargo, sí que vieron que las mujeres operadas durante el pico de la pandemia de covid-19 tenían menos probabilidades de que se las operase de manera inmediata para la reconstrucción de las mamas tras una mastectomía (operación para quitar la mama).

También tenían menos posibilidades de que se les practicase un bloqueo intraoperatorio de los nervios regionales, un procedimiento que se lleva a cabo durante la cirugía para reducir la probabilidad de sufrir dolor en la mama tras la operación.

«Estos dos procedimientos médicos no tienen un efecto en el riesgo de recaída en el cáncer de mama, pero sí en la calidad de vida de las mujeres tras pasar por una operación. Sabemos que puede haber una segunda ola de covid-19, y si eso ocurre, queremos mantener la mejor calidad asistencial para nuestras pacientes», ha zanjado los expertos.