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Covid19 - Información clínica


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11 cosas que debes saber sobre COVID-19 y enfermedades cardiovasculares y renales… y algunas son positivas

14/04/2020 Los médicos de Atención Primaria advierten sobre el más que posible incremento en la mortalidad cardiovascular en la población española a medio y largo plazo

Millones de personas en España padecen enfermedades cardiovasculares (ECV) y/o renales, muchas de las cuales están sometidas a un riesgo más elevado de presentar complicaciones o de fallecer si desarrollar la COVID-19. Ante esta situación, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) ha llevado a cabo un especial de SEMERGENVIVO (su plataforma online) para analizar tanto los últimos avances como las consecuencias que produce la COVID-19 en el manejo de los pacientes con patologías cardiovasculares y renales. El webinar completo ya está disponible en www.envivo.semergen.es, junto con sesiones previas también focalizadas en el coronavirus y sus efectos en distintos grupos de pacientes o colectivos sociales.

En la sesión online han participado los doctores José Luis Llisterri (presidente de SEMERGEN), Vicente Pallarés (médico de Familia y coordinador del Grupo de Trabajo -GT- de Hipertensión Arterial y Enfermedad Cardiovascular de SEMERGEN) y José Luis Górriz (jefe de Servicio de Nefrología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, y miembro del GT de Hipertensión Arterial y Enfermedad Cardiovascular de SEMERGEN). En esta ocasión los ponentes participantes han consensuado 11 ideas o mensajes clave, resumiendo la evidencia disponible actualmente y su experiencia en lo que respecta a la COVID-19 y el paciente cardiovascular y/o renal.

 1)     Idéntico riesgo de infectarse. Los pacientes con ECV (HTA, diabetes, insuficiencia cardíaca, cardiopatía isquémica, etc.) tienen las mismas probabilidades de desarrollar la infección que causa la COVID-19 que aquellos que no padecen una ECV.

 2)     Mayor mortalidad y complicaciones. La mortalidad aumenta con la edad, así como con la coexistencia de enfermedad cardiovascular, en cuyos pacientes alcanza tasas del 13,2% (según los últimos datos disponibles). Si en estos pacientes se desarrolla la COVID-19, las posibilidades de complicaciones son mayores; son pacientes de riesgo.

 3)     Mayor riesgo de desestabilización. La ECV crónica estable puede hacerse inestable como consecuencia de la inflamación sistémica y de los efectos procoagulantes inducidos por la infección vírica. El aumento de la actividad inflamatoria sistémica y procoagulante puede persistir tiempo después de la resolución de la infección respiratoria. A juicio del Dr. José Luis Llisterri, «esto es importante para evaluar el impacto en la morbimortalidad a corto y medio plazo en personas con ECV que han sufrido la infección por SARS-Cov-2″.

4)     Expectativas de aumento de mortalidad cardiovascular a medio y largo plazo. Según han expuesto los expertos participantes en este webinar, es plausible inferir que se pueda producir un incremento en la mortalidad cardiovascular a medio y largo plazo (muerte súbita extrahospitalaria, ruptura cardiaca o infartos). En este sentido, un reciente registro de la Sociedad Española de Cardiología alerta sobre la disminución significativa de la actividad en la cardiología intervencionista, «con una reducción del 40% en el tratamiento del infarto durante el estado de alarma», subraya el Dr. Llisterri.

 5)     Evitar consultas innecesarias. Los pacientes con ECV estable (síndrome coronario crónico, insuficiencia cardíaca crónica, fibrilación auricular crónica…) deben evitar acudir a la consulta de Atención Primaria si no es necesario. Deben cumplir con las recomendaciones de protección y de cuarentena y con el tratamiento farmacológico prescrito. No deben abandonar la medicación por ningún motivo sin consejo médico.

6)     El autocuidado, la clave. El autocuidado tiene especial importancia en los pacientes con ECV. Como recomienda el Dr. Vicente Pallarés, «siempre que sea posible, se debe registrar autocontrol de la presión arterial, frecuencia cardíaca, temperatura, frecuencia respiratoria, saturación de O2, glucemia y peso». Además, como complementa el Dr. Llisterri, «se debe consultar siempre ante la aparición de alteraciones en estos parámetros y/o ante signos y/o síntomas de alarma que pueden no deberse a COVID-19″.

 7)     Ante síntomas de alarma, no lo dude. Los pacientes con una urgencia cardiovascular, con síntomas de angina o infarto de miocardio, arritmias, dolor torácico inexplicable, aumento de la disnea en paciente con insuficiencia cardíaca,…deben llamar al 112 para activar el código infarto o establecer la derivación oportuna al hospital. El miedo de los pacientes a contagiarse puede ocasionar la no demanda de asistencia médica en caso de urgencia. Los centros de salud y los servicios hospitalarios siguen funcionando; cuando sea necesario realizar pruebas complementarias (ECG, analítica, Rx,…) deben hacerse.

8)     No abandonar tratamientos. Actualmente se cuenta con tratamientos que consiguen gran beneficio cardiovascular y renal, especialmente en diabetes mellitus tipo 2. En este sentido, como subraya el Dr. José Luis Górriz, «la suspensión de nuevos tratamientos por cualquier motivo o duda en su manejo (como pueden ser los inhibidores del co-transportador sodio-glucosa tipo 2 -iSGLT2-) puede privar a los pacientes de importantes beneficios cardio-renales». En esta situación el contacto con Nefrología por via telemática puede ayudar a aclarar dudas en dicho manejo, en el caso de que surjan; sin duda, afirma este experto, «es crucial la utilización de los sistemas informáticos oficiales para la interconsulta de cualquier tipo de problema o duda».

9)     Apoyo de las técnicas domiciliarias. En pacientes renales que precisan diálisis, las técnicas domiciliarias (como la diálisis peritoneal o la hemodiálisis domiciliaria) suponen una gran ventaja, «ya que el paciente permanece en casa, tiene menor probabilidad de infectarse y de infectar a los demás, y evita el enorme coste que supone una logística compleja de tratamiento (generalmente en el hospital)», señala el Dr. Górriz. En este sentido, la Sociedad Española de Nefrología ha iniciado un registro de personas con infección por SARS-Cov-2 que, en poco más de dos semanas, ha reclutado a cerca de 700 pacientes.

10)  La hora (definitiva) de la telemedicina y las TICs. «La situación actual relacionada con la crisis de la COVID- 19 nos ha enseñado que la asistencia mediante telemedicina se puede utilizar en un porcentaje elevado de pacientes», asegura el Dr. José Luis Górriz, quien aconseja «ver esta situación como una oportunidad para un novedoso y más eficiente manejo de los recursos sanitarios». Por ello, se recomienda definir qué situaciones son más adecuadas para la consulta telemática. Como lo resume el Dr. Vicente Pallarés, «hay que aprovechar la situación actual y convertirla en oportunidad, sobre todo para promover la consulta no presencial (virtual)».

Por otra parte, la necesaria apuesta por las tecnologías de la comunicación e información que ha impuesto esta pandemia también puede y debe facilitar la asunción definitiva de estos recursos en Atención Primaria, sobre todo para optimizar el manejo de información y datos de los pacientes. «En la era del Big Data, la Inteligencia Artificial y el Machine Learning, no se acaba de entender que no dispongamos de cifras reales y en tiempo real», denuncia el Dr. Pallarés.

 Más que nunca, en situaciones de crisis sanitarias, la AP es fundamental. Como resalta el presidente de SEMERGEN, «la Atención Primaria constituye un nivel asistencial clave para el cuidado de la población con ECV y/o renal», quien recuerda también que «el seguimiento domiciliario es crucial en la detección precoz y rápida de los síntomas y/o signos de alarma en estos pacientes». Y es que, a juicio del Dr. José Luis Llisterri, «ninguna maquina o smartphone podrá suplir a estos profesionales del primer nivel asistencial en su función de control o seguimiento de los pacientes con problemas cardiovasculares y/o renales»; sin duda, asegura, «aquí cobra todo su valor la AP, por su cercanía, confianza y accesibilidad».  Por eso, como demanda el Dr. Pallarés, «medicina de Familia debe reforzar aún más su papel de director/gestor de la gran orquesta (resto especialidades) que atiende al paciente, en colaboración y asegurando la continuidad asistencial».