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María Castellano: “Medicina: vocación y profesión”

La doctora María Castellano Arroyo, vocal de la Comisión de Deontología del Consejo Andaluz de Colegios Médicos, primera mujer catedrática de una Facultad de Medicina Legal y Forense; referente nacional e internacional en el ámbito de la Medicina, analiza en este artículo de opinión, las declaraciones de Patricia Andrés la médica que obtenido el número 1 en el examen MIR del 2023 y cuya especialidad elegida es Dermatología. La doctora Castellano se cuestiona si la elección de la especialidad es fruto de la vocación u otros factores

Estos días ha saltado a los medios de comunicación el nombre de Patricia Andrés, como la médico que ha obtenido el número 1 en el examen MIR del 2023. Por cierto, he buscado el apellido de su madre y no lo he podido encontrar; a mí siempre me ha gustado poner mis dos apellidos como homenaje a mi mitad materna, del regalo recibido de mis padres en plena igualdad. Esto cada vez se ve menos. Patricia, sin duda, una mujer ejemplar, extraordinaria en sus cualidades y virtudes se ha visto sorprendida por un alud de entrevistas sobre su historia familiar, académica y sus decisiones de futuro. Ella ha respondido de forma espontánea y directa y sus declaraciones han sido publicadas y comentadas en el ámbito médico en un sentido que la han llevado, con posterioridad a matizarlas. Sin embargo, me parece interesante hacer unas reflexiones sobre la profesión y las especialidades médicas, ante la oportunidad que Patricia nos ha brindado con su merecido éxito.

Decía Patricia en sus primeras declaraciones sobre su elección de especialidad “he elegido dermatología para ser feliz y no quemarme…. me quiero sentir valorada y que todo mi esfuerzo sirva de algo…. quiero ayudar a las personas porque para eso he estudiado Medicina…”. Refería que había hablado con médicos de varias especialidades y en edades medias de la vida, los cuales le transmitían que la inestabilidad laboral, guardias frecuentes, sobrecarga de pacientes, etc.… Les hacía muy difícil la vida y estaban quemados (lo que significa desilusión, desánimo y pérdida de proyectos vitales).

En relación a la noticia, la prensa recordaba que el año pasado también la número 1 fue una mujer y también eligió dermatología; así mismo, y habitualmente en los últimos años, las especialidades más solicitadas fueron dermatología, cirugía plástica, cardiología, oftalmología, anestesia, alergia y rehabilitación, con más posibilidades de ejercicio privado y menos carga asistencial. Esto se acompaña del dato de que, en 2023, de 8188 plazas ofertadas se asignaron 7971, quedando 218 sin cubrir, 200 de ellas de Medicina familiar y comunitaria.

Estos datos nos invitan a hacer algunas reflexiones:

  1. Para ser médico ¿es más importante la vocación o la profesión?
  2. Las especialidades médicas ¿necesitan vocación?
  3. ¿Cómo hemos cambiado el ejercicio profesional en Medicina para que sea motivo de que nuestros y nuestras médicos se decepcionen, pierdan la ilusión y el entusiasmo con el que iniciaron su carrera y su formación especializada?

Probablemente todo lo que diga lo conocéis los lectores y lo habéis vivido en vuestro entorno profesional.

1.La vocación viene del latín vocare que significa llamada. Se asociaba a la llamada religiosa de dedicarse en cuerpo y alma al prójimo, renunciando a tener familia propia. Por extensión, se consideró a la profesión médica como la más necesitada de vocación porque el médico se olvidaba de sí mismo para entregarse en la ayuda y el bien de los demás, que por añadidura eran personas que sufrían por su enfermedad y confiadas y esperanzados en su sabiduría y sus cuidados; la familia del médico se unía generosamente a las renuncias y colaboraba con esta tarea casi sacerdotal.

Por su parte, la profesión y el oficio son el trabajo que se realiza a través del que se recibe la remuneración que permite la subsistencia material.

Lo ideal es que vocación y profesión puedan coincidir en la persona, porque lo que se hace vocacionalmente satisface, gratifica, alegra y engrandece. Esto tendría que ser así, de forma especial en la profesión de médico, porque la entrega a los demás necesita de una actitud personal de ponerse en lugar del otro, conocerlo, comprenderlo en sus necesidades, su situación y sus deseos. El médico comparte con el paciente momentos de dificultades, de malas noticias, de procesos de afrontamiento del final de la vida y eso no es sólo una actividad profesional que requiere de técnica o de habilidades y competencias; en esta tarea participan los sentimientos, las emociones, el corazón y el alma. Por eso consume, desgasta, agota…. Por eso es necesario que a cambio, el médico recibe satisfacciones y alegrías, y ver que lo que hace es bueno, ayuda a otros y da sentido a su vida.

Por el trato de tantos años con los estudiantes creo que cuando se decide ser médico la elección se basa en la vocación (a veces por tradición familiar), sin duda es una llamada a hacer el bien, a descubrir remedios que curen, a tener una vida llena y satisfactoria. Pocos son los que busquen la Medicina como fuente de enriquecimiento y prestigio social, porque son muchas las profesiones y los trabajos que ofrecen mayores posibilidades de éxito económico y reconocimiento.

  1. ¿Las especialidades médicas necesitan vocación? Cuando ya se es médico se presenta otra encrucijada en la elección de la especialidad. La preparación del examen MIR es la continuación del esfuerzo que fue necesario para hacer un bachiller brillante y una carrera extraordinaria, pero en esta etapa concurren otros factores como la suerte, el propio estado psicofísico personal de una tarde, en un día especialmente tenso.

Los graduados en Medicina tienen sus preferencias respecto a la especialidad que les gustaría hacer pero saben que será muy difícil conseguirlo, por ello mantienen la mente abierta respecto a la especialidad a elegir y al lugar en el que podrán hacerla.

Al examen MIR se va con incertidumbre, tensión emocional y miedo. Según los resultados pocos son los que eligen lo que siempre habían deseado. La mayoría opta por lo que más le conviene de las plazas que van quedando y en el centro al que ven más ventajas. Es llamativo que la medicina familiar y comunitaria, la forma más genuina de ejercer la Medicina personal, próxima al paciente y a su entorno, sea la que en este momento queda relegada a las últimas opciones y que sean centenares los médicos que han abandonado esta especialidad en los últimos años, para repetir el examen y buscar su oportunidad en otro espacio asistencial. Aunque he de señalar que son muchos los y las médicos que después de elegir una especialidad diferente a la que hubieran deseado encuentran que cuando conocen los contenidos y su organización les gusta y se sienten satisfechos.

  1. ¿Cómo hemos cambiado el ejercicio profesional de la Medicina para que sea motivo de que nuestros y nuestras médicos se decepciones, pierdan la ilusión y el entusiasmo con el que iniciaron su carrera y su formación especializada?

La respuesta a esta pregunta está relacionada con la crisis que actualmente vive nuestro Sistema Nacional de Salud y, en general la asistencia sanitaria en España. Los problemas son de varios tipos: a) Estabilidad laboral, b) Remuneración económica, c) Recursos humanos suficientes.

En el apartado a) tenemos a los profesionales que terminada su formación se quedan en España afrontando contratos precarios durante años y sucesivos cambios de residencia, antes de encontrar una seguridad que les permita constituir una familia estable. Esta situación es especialmente grave cuando se trata de una mujer; es en esos años cuando hay que redoblar el esfuerzo para hacer el doctorado, ampliar estudios en un centro extranjero y acumular méritos que garanticen una plaza especializada acorde con la situación personal; y paralelo a ello su naturaleza biológica con una caducidad amenazante a sus deseos de maternidad, a la que a veces acaban renunciando; la conciliación sigue siendo un mito que explica la escasez de mujeres en puestos directivos en carreras claramente feminizadas (entre ellas la Medicina).

En el apartado b) tenemos el panorama general de la baja remuneración para un trabajo difícil, de alta responsabilidad, sin horarios y de cada vez menos reconocimiento en el ámbito oficial y administrativo. En el apartado c) tenemos la escasez de recursos humanos (médicos y enfermeras sobre todo), el coste de su formación es alto, pero cuando terminan encuentran mejores ofertas laborales en países de nuestro entorno y se van allí donde van a ser más valorados y mejor tratados en su seguridad laboral. Faltó programación y no se prestó oído a los cálculos que desde la Organización Médico Colegial se hacían respecto al ritmo de jubilaciones de médicos y los nuevos graduados y especialistas. Tampoco se han atendido las llamadas a una valoración y remuneración de los profesionales que sea proporcional a lo que se les pide de esfuerzo y dedicación. Necesitamos líderes que con la fuerza y la autoridad moral necesaria consigan lo que a todas luces es el principio de Justicia más básico.

La atención primaria a cargo de los especialistas en Medicina familiar y comunitaria es un drama. Este primer nivel asistencial para adultos y menores tendría que estar dotado de recursos humanos y materiales que permitiera a los profesionales, tras una formación excelente, afrontar todas las patologías de inicio y crónicas para una seguridad de los pacientes de proximidad, seguimiento y cuidados que eviten la asistencia a urgencias hospitalarias colapsadas y caóticas en algunos casos o situaciones de mayor incidencia de patologías estacionales o epidémicas.

Los médicos de familia están defraudados por lo que esperaban vivir profesionalmente y lo que se encuentran en una realidad que limita su inicial ilusión, entusiasmo y deseos de vivir una medicina auténtica y útil, para la que tienen una formación excelente que no pueden aplicar, empezando porque no se ponen a su disposición los recursos técnicos adecuados y a la escasez de tiempo que pueden dedicar a cada paciente.

A nivel hospitalario las cosas varían de unas especialidades a otras. Tenemos excelentes hospitales y somos referencia en múltiples áreas como los trasplantes, los tratamientos oncológicos, las especialidades quirúrgicas, y otras muchas médicas, pero en gran parte a costa de una dedicación y esfuerzo desmedido de los profesionales que se ven sobrepasados por la desproporción entre la demanda y lo que pueden dar de sí en las condiciones en las que trabajan.

Los médicos necesitan muchas horas de estudio para tener actualizados sus conocimientos y competencias, necesitan investigar y publicar sus progresos porque ese deber científico y éticodeontológico hace avanzar a la Medicina y mejorar la salud y las perspectivas vitales de los pacientes, y ¡cómo no necesitan tiempo para la asistencia de estos pacientes que son los destinatarios de todo lo anterior. ¡Qué menos que esta tarea y estos esfuerzos tengan el reconocimiento personal y económico que merecen. Porque a nivel ciudadano sí que la Medicina está entre las profesiones más valoradas.

Y aquí es donde hemos de retomar el objeto de estas líneas que iniciábamos con el éxito de nuestra Patricia Andrés y su elección de la dermatología como especialidad. Algunos pueden pensar que es una especialidad que se queda en la superficie de la persona y no se compromete con ese interior que llega hasta el complicado funcionamiento mental, pero no es así; la persona es una unidad psicobiológica y social en la que cada célula tiene su función y es importante para el resto del conjunto.

Patricia lo ha dicho en declaraciones posteriores “es una especialidad trasversal, relacionada con toda la Medicina…”  Y así es, ella además apostilla “…quiero ayudar a las personas porque para eso he estudiado Medicina”. Enhorabuena y adelante con tus ilusiones y proyectos; tienes razón, en asistencia sanitaria, en cualquier forma de ejercer la Medicina se hace el bien y se ayuda a las personas, esto hace grande la profesión y a cada uno de los que hemos tenido la suerte de estar ahí.

Dice Simon Sinek: “trabajar duro por algo que no te importa se llama estrés. Trabajar duro por algo que te importa de verdad se llama pasión”; la frase puede contener algo de verdad, pero la pasión no puede mantenerse de forma indefinida; pensamos que todo lo dicho hasta aquí es absolutamente urgente e imprescindible para salvar a nuestro envidiado Sistema de salud.

Por eso, acabo animando a quienes nos representan en las instituciones autonómicas y nacionales a defender la dignidad de la profesión y a quienes la han elegido como proyecto de vida y de desarrollo personal y profesional. Nuestro Sistema público de Salud es extraordinario y se fundamenta en sus profesionales a los que es preciso tener en cuenta, valorar, apoyar y reconocer para que sea posible el cambio que conserve lo bueno y añada lo sea necesario para mantenerlo y mejorarlo.